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En San Cristóbal de las Casas

después de errar varios caminos

encontré uno que me llevo a acercarme a Don Lauro;

chaman maya y monje tibetano,

en Japón fue campeón  de sumo y en la actualidad

realiza ceremonias  y labores de sanación en

la Reserva Ecologica "El mirador" en San Cristóbal de las Casas,

 

 

 

 

 

 

 

Don Lauro

 


Esta foto la saqué despues de cantar "El amanecer" un son de Ramón Gutiérrez las decimas de este son cantan a la vida, al renacimiento, al trabajo digno del campesino, En lo personal lo siento como un canto de agradecimiento.

 

Al ver ese paisaje despues de la ceremonia del Don y entrar en trance cantando... pasé uno de los momentos mas hermosos de mi vida; una especie de rencuentro con lo divino, sentí esa naturaleza palpitante, viva e indestructible que se regenera y se transforma. El poder del renacimiento y una manifestacion infinita, poderosa y amorosa, algo que invadia todo afuera y al sentirlo dentro de mi me senti lo mas minusculo pero a la vez me senti perpetuo, con esa infinitud dentro

 

[...] Llegamos a las cascadas, empezamos a subir un camino que bordeaba la cascada “velo de novia” es un camino bastante bonito hecho madera y  con descansos y miradores que mas que para mirar servian pa´sacarse la foto

 miraba frente a mi un monstruo que irradiaba su fuerza, pero no podía entenderlo, quería disfrutarlo, sentirlo, entender el agua quebrándose hacia la nada, sentir el estruendo de la cascada rugiendo.

Pero nada, la realidad era una película que desfilaba frente a mis ojos. La belleza estaba afuera la podía ver, pero algo me imposibilitaba disfrutarla, como si una estructura urbana operara en mi interior, una especie de ego citadino que  Observaba a los turistas fotografiarse como si la foto fuera el único consuelo que tenían para el olvido, miraba sus caras esforzarse para sonreír y veía que ellos al igual que yo no podían enfrentarse al escenario, le daban mas importancia a la foto que al paisaje.[...]

Fragmentos del libro de piedra:

 

De regreso a San Cristóbal recordé al Dr. Atl y su baño litúrgico:

 

“La gente no sabe que el cuerpo desnudo bajo un chorro de agua helada que cae desde las altas rocas se carga de una energía cósmica que lo convierte en una fuerza de la naturaleza. El dolor, la fatiga, la desesperanza, no son más que el resultado de un desequilibrio orgánico. Una descarga eléctrica —un baño en agua helada no es otra cosa— restablece el equilibrio.”

 

[...] Don Lauro no se encontraba,

en ese momento lo tome como mala suerte, despues agradeceria la oportunidad de regresar en el momento preciso a la hora exacta [...]

 

 

[...]Se podría decir que mis vacaciones iniciaron cuando tomé el camión hacia San Cristóbal,

y mi viaje comenzó cuando decidí salirme del grupo, subir el camino del último mirador de la cascada y meterme al agua helada.[...]

 

 

 

[...] La realidad se volvía una simulación de una postal, una experiencia que se compra y se experimenta pero no se disfruta ni se vive.

Subimos por varios miradores hasta llegar a una tirolesa donde se acababa el camino turístico y empezaba uno que era mas retador y peligroso, decidí subir y dejar atrás a mis acompañantes, el calor y la humedad aumentaban pero entre mas subía entre piedras resbalosas y tierra empinaba mas seguro me sentía.

Seguí subiendo y llegue al ultimo mirador, no habia nadie, me sentí afortunado de ser el único, la altura me enmudeció, es  mucha la diferencia de ver de abajo hacia arriba que de arriba hacia abajo.

 

En el mirador vi el horizonte atascado de verde, el agua quebrándose y volviendo a subir, experimente un leve temblor, algo como vértigo con alegría un toque de euforia y adrenalina, vi que a unos 6 metros bajo el mirador y antes de la caída de agua de 120 metros se formaba una pequeña laguna con otra cascada atrás, regrese y salí del camino y caí unos dos metros para encontrarme a nivel de la laguna, no lo pensé y me quite la ropa, me acerque y sentí el fango suelto en el piso, el temblor anterior se hizo mas fuerte, me adentre mas, sumergí todo mi cuerpo y al salir la realidad dejaba de ser una película para convertirse en vida, camine mas al centro de la laguna donde la corriente precedente a la caída lucia mas fuerte, miré el surco de la cascada que formaba una v y kilómetros y kilómetros a lo lejos el impresionante horizonte, gire y quise ver la cascada a mis espaldas, pero el agua que rompiéndose y volando velozmente a mi cara dificultaba abrir bien los ojos.

 

No se si era ver el horizonte desde tan arriba y tan lejos o la adrenalina de pensar que una crecida repentina acabara la minúscula existencia en ese momento y llevase mi cuerpo en su rugido hacia el vacío, me sentí pequeño, y al mismo tiempo sentí la grandeza del agua, me sentía arriba de una bestia cuya piel nunca era la misma, sentí algo que vibraba temerosamente en mi pecho, algo como un grito-árbol que hacia raíz en todo mi cuerpo, quise gritar y grité, grité y di gracias a algo que no comprendía pero que estaba sintiendo en ese momento, recordé que me estaban esperando y salí del agua, me vestí y baje disfrutando cada pisada en la tierra, si resbalaba por la complejidad húmeda del camino en lugar de temer reía.

Abajo mire la cascada y era como si la hubiera visto por primera vez. En la camioneta me sentía único entre todos los turistas, ni mil fotos en los miradores se comparaban con el placer de sentir sinceramente el agua,